sábado, 9 de julio de 2011

El Costalito

El día esta húmedo, el cielo acerado y  con las nubes a punto de descargar la lluvia en cualquier momento.  Esto me recuerda de cierta manera, aquella tarde en la que estaba a punto de anochecer.  Mi padre, un vecino llamado Lalito y yo caminábamos al puebelecito de Chalma. Al Santuario, para que mi papa cumpliera una promesa, a cambio de que  mi mama le perdonara sus infidelidades, malos tratos y abusos verbales. Me alegra tanto que ese buen Santo no haya escuchado ninguna de las peticiones de mi papa.

Si mal no recuerdo mi padre tendría unos 38 o 40 años. Lalito, el vecino como doce y yo apenas creo que iba a cumplir seis. El Sol ya se estaba ocultando, permitiendo que la noche llegara. Mi papa dejo estacionado su carro en donde había varios autos. Supongo que ahí se dejaban los vehículos, mientras la gente se dirigia rumbo al Santuario del Santo Señor de Chalma. El camino era terregoso, mi papa cogió dos linternas de baterías. Una se la dio a Lalito y la otra el la llevaba. También cargaba sobre su espalda una mochila con agua, chocolates y no se que más. Yo solo le pregunte que si a la iglesia donde íbamos estaba lejos. El se sonrió, me cogió la mano diciéndome -"Tu sigue la carroza y no preguntes quien es el muerto"- Bueno, pensé, pues a caminar, mi papa sabrá lo que hace.

Lalito y mi padre prendieron las linternas. Emprendimos la marcha hablando de cosas triviales. Yo, a veces me quedaba calladita pensando en cosas propias de mi edad, a menos que alguno de los dos me preguntaran algo. Ocasionalmente nos encontrábamos con algunas personas en el camino, quienes saludaban cortesmente y seguían deambulando en esa oscuridad solo alumbrada por la tenue luz de las lámparas. Creo que íbamos como a la mitad del camino, cuando mi papa nos dijo que le dolían los meniscos de las rodillas. Yo ni me atreví a decirle que estaba cansada y que deseaba que me cargara  en sus brazos. Continuamos, cuando de repente y de la nada, se nos apareció una señora caminando atrás de nosotros. Saludando cortesmente, se dirigió a mi papa preguntándole si podía ir con nosotros al Santuario. Mi papa inmediatamente accedió. Yo me acuerdo vagamente de ella. Una mujer bajita,  trigueña, cincuentona de razgos indígenas.

Mi padre me dijo, -"Dale un chocolate a la señora"-  Yo se lo brinde con el mayor de los gustos y ella lo agradeció. Al cabo de un largo rato, la mujer le dijo a mi papa que pasaríamos frente a un panteón, que si le permitíamos hacer una pequeña oración por el descanso eterno de su hija. Mi papa movió la cabeza afirmativamente y sin preguntas. Estaba muy oscuro para que yo pudiera ver algo, pero la señora se detuvo frente a un panteón y estuvo arrodillada como por cinco minutos. Se levanto, agradeció a mi papa la espera y seguimos. Los cuatro íbamos viendo hacia adelante, donde la linterna alumbraba el camino...de repente Lalito dijo -"Señora...señora...y la señora?"- Los tres la buscamos en medio del camino oscuro por unos quince minutos...pero nada. Pensamos que iría a hacer sus necesidades fisiológicas, pero no...no se le pudo encontrar. 

Mi papa decidió que deberíamos seguir sin ella y así lo hicimos. Por fin llegamos al Santuario, mi papa hizo sus oraciones, peticiones, etc. Fin de la historia en ese tiempo. Al cabo de unos diez anos, mi padre estaba en una reunión en casa de unas amistades. La mayoría gente desconocida, con excepción del dueño de la vivienda. De pronto se llego a la conversación del Santuario de Chalma. Uno de los invitados, comenzó a narrar que cuando el y un grupo de amigos visitaron esa iglesia, se les "apareció" una señora bajita, trigueña, cincuentona y de razgos indígenas. Que eso les sucedió ya entrada la noche. Mi papa, era todo oídos a la conversación, pero no dijo nada y solamente escuchaba.

 La señora había pedido ir con el grupo de jóvenes hasta la iglesia, también pidió que la esperaran para hacer una oración enfrente al panteón por su hija fallecida. Con una excepción, que ella antes de llegar al Santuario les dio un costalito. Les dijo que por favor se lo entregaran al Párroco de la iglesia, que el sabría que hacer con eso. Ellos accedieron gustosos, pero que repentinamente, la mujer se les desapareció al igual que a nosotros. Ellos también la buscaron inútilmente y no apareció. 

Que cuando al fin llegaron al Santuario, después de cumplir su promesa, buscaron al Padre de la iglesia. Le entregaron el costalito y el lo puso a un lado sin darle importancia. Los muchachos, se molestaron por la indiferencia y le reclamaron. El sacerdote al ver que los ánimos estaban bastante elevados, les dijo -"Ustedes quieren saber porque no le doy importancia a esto? De verdad desean ver lo que hay dentro? Todos movieron la cabeza afirmativamente. -"Pues vean"- Abrió el costalito mostrándoles el contenido...huesos humanos! Un muchacho se mareo, otro se desmayo y los otros quedaron mudos ante la desagradable sorpresa. El Párroco, les dijo que esa señora se les aparecía a las personas que iban de buena voluntad y que como ella no cumplió su promesa,  les daba el costalito para que llevaran sus restos al Santuario.

Ahí fue donde mi papa interrumpió para decir lo que a nosotros nos había sucedido. Todos guardaron silencio y mi papa dijo -"Pero a mi no me dio su costalito"-  El narrador de esa historia le pregunto a mi padre que quienes íbamos. Mi papa dijo mi hijita de cinco anos, Lalito que era adolescente y yo..."Mmm, dijo el narrador...Sabes? Creo que no te dio el costalito por tu niña"- Todos los demás llegaron a esa conclusión, que gracias a mi no tuvo mi papa que cargar con los huesos de la difunta.

Huy! Sea coincidencia o no, a la fecha no puedo encontrar una explicación lógica a lo sucedido. Así que es preferible dejarlo como un caso extraño o una  muy rara coincidencia... Parece que va a seguir lloviendo y aprovechare esta lluvia que deja muy limpio mi carrito.  Los tiempos no están para desperdiciar esta bendita agua que bastante ayuda en mi presupuesto.


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