Una vez, en un día soleado y cerca de la 1:00 p.m., fui a la parada del "bus". Sumida en mis pensamientos juveniles, esperaba pacientemente la llegada de mi transporte. Repentinamente escuché atrás de mi, una voz suave y amable. Era un viejito, de estatura baja y con un rostro bondadoso. Su traje databa de los años 20's o 30's, además tenía puesto un sombrero pequeño, como el que usaba uno de mis abuelos.
Muy educada y cortesmente me preguntó ...-"Señorita, usted sabe en donde pasa el "camión" que va al Hipódromo?"-...Le contesté con la misma amabilidad y cortesía con la que el me habló...-"Si señor, pero queda lejos como a unas siete u ocho calles de aquí"-...Le señalé con mi dedo índice de mi mano derecha, hacia la dirección en donde yo sabía que pasaban esas "guaguas". Me contestó agradecido y me preguntó que si era católica. Respondí afirmativamente. Sacó de su billetera, una estampita de San Judas Tadeo y me dijo...-"Tenga, guárdela y llévela siempre con usted porque la necesita mucho y más ahora que no vive con su mamá".-
Por demás está decir, lo sorprendida que me quedé ... Cogí entre mis manos la estampita que me obsequió y, la ví como por dos segundos. Viré mi cara hacia el, pero ya no estaba...Busqué alrededor, caminé toda esa calle de esquina a esquina, pero no lo encontré. No era posible que desapareciera de mi vista tan rápido y, menos una persona como de 65 años de edad...
Ya se acercaba mi "camión", me subí y cuando llegué con la abuela Tina, le conté lo sucedido. Se le llenaron los ojos de lágrimas y me dijo tiernamente...-"Tal vez era un ángel"-...Nunca me he creído merecedora de tal privilegio, pero ese día sentí mucha paz y tranquilidad.(Posiblemente imaginé esa grata sensación) Guardé la estampita por años, hasta que un día no se donde quedó. Lo que nunca he olvidado, es ese incidente y la cara del viejito bonito.